jueves, 23 de diciembre de 2010

MORIR TRANQUILO


“El Espíritu Santo estaba con él y le había revelado que no moriría sin antes ver al Cristo del Señor“.
Lucas 2:25-26

Es una expresión habitual, aunque exagerada: «Ya me puedo morir tranquilo». Algunos la pronuncian cuando ven que su díscolo hijo ha sentado cabeza y se casa con una buena chica. Pablo dijo algo parecido a Timoteo en su segunda carta, cuando le declaró que ya había corrido su carrera, había peleado su batalla y se había mantenido fiel.

Simeón, por su parte, había recibido revelación de que no moriría sin antes ver al Salvador de Israel. Él reconoció el cumplimiento de la promesa y dijo algo semejante a lo que estamos comentando: «Ya puedes despedir a tu siervo en paz». En un sentido fundamental, gracias a haber sido redimido por la sangre de Cristo, siempre podemos hablar como Pablo en Filipenses 1:21. La solución está en caminar cada día delante de Dios, ofreciéndonos como instrumentos, confesando cuanto antes cada pecado, nutriéndonos de su Palabra y, sobre todo, confiando en que Él conoce y dispone el momento adecuado para cada cosa.

Piensa

Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.


Ora

Ven pronto, Señor, y haz lo que tengas que hacer para encontrarme preparado. Amén

No hay comentarios:

Publicar un comentario